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Prólogo de Nicolás Dell´Orso | Poesía tajante, concisa y astuta

Si hay lenguas, seguramente la poesía es la que elige el corazón, para dejarse llevar por el camino de la expresión, la sangre, los temores, las pasiones y las vivencias, entre otras cosas. Tan propio como ajeno, un lenguaje utópico a nuestro tiempo. Es ahí mismo donde nos encontramos puros, sin vueltas ni plagios, libres como cuchilladas al viento, en nuestro pequeño sueño, vuelo o rezongo de papel.

Cuando el otoño se nos viene, y Jesús se hace grande, trae consigo la mirada pausada del sol al caer. El abasto ya no es un barrio de cemento, sino la casa del poeta que florece al ritmo de las cosas lentas, o al tiempo de algún blues breve. Los pinos, los colores y la casa, se convierten al sepia y se nos brota la nostalgia. Con la duda entre bufanda y camiseta, las preguntas y respuestas del poeta se derraman como hojas maduras anunciando el tiempo frío, el fuego, los niños de gorritos y las camperas pulposas.  

Entre el espíritu veraniego y el frío por venir, envueltos en un mar de reflexiones, el poeta nos invita a corretear por su mirada precisa de la realidad propia y ajena, un hombre de montes y ciudades, de oídos y miradas agudas que nos pone por los lomos la poesía tajante, concisa y astuta.

Dell´Orso Nicolás. 
22/07/2010   

Poesía otoñal | 10

Hay algo de ti en todas las cosas
excepto en la asfixia del asma
y en la fatiga
y en las cosas que tú ya sabes qué.

Hay algo de ti en todas las cosas
y también estás adentro mío
abrigándome del frió
resolviéndome.

Estás adentro mío,
como suena la música muy adentro de uno.

Poesía otoñal | 9

Los nombres de los lugares que no conozco
están escritos en los carteles de los colectivos
que no me tomo, que no conozco.

Digo esto para no decir
lo mucho que a veces me harto
de lidiar con ciertas humanidades indeseables.
Y lo mucho que admiro (cada vez más) a Jesús,
que murió por los mismos
con los que todos los días lucho. 

Digo: mejor decir que hay lugares
que no conozco.

Poesía otoñal | 8

Cierto desconcierto
en esta oficinita tuya
(menos mía que tuya)
que con la música
de los teclados viejos
y polvorientos
nos obliga a que el tiempo
no pase por aquí dentro.

(a lo mejor
esté pasando
en esa placita,
a la vuelta).

Poesía otoñal | 7

Conozco a todas las personas
que viajan conmigo en subte
en la misma hora, en el mismo tren.
 
Conozco a cada una de ellas
(a las trescientas treinta y tres)
y ellas no me conocen a mí.

Las veo y ya las saco:
en dónde trabajan
qué piensan del país, de Cristina
de Macri, o del grupo Clarín.

Ellas creen que van solas
camino al trabajo o a quién sabe qué
pero van conmigo, yo voy con ellas
no están solas, yo las miro
y puedo sentir amor.
 
Conozco a todas las personas
que viajan conmigo en el subte
y no habemos una normal;
está, por ejemplo, el tipo que toca bocina
para abrirse paso en la muchedumbre
y dice: pipi, pi-pi. 
Y si nadie le prestó la más mínima atención
el tipo insiste: pipi, pipi… piiiiiiiip, piiiiiiip,
hasta que con toda sensatez alguien
lo mira de los pies a la cabeza
y le abre camino
y el hombre de la bocina pasa muy tranquilamente
con toda seriedad.

Conozco a cada una de ellas;
un día las voy a invitar a cenar.

Nota: evidentemente la obra perdió la rima al ser traducida, ya que el manuscrito original lo escribí en francés, pero lo publico en español para que en Francia no lo puedan leer (salvo los que allí dominen nuestro idioma).

Poesía otoñal | 6

Expuesto al viento del cruce de las calles
no quiero verte -ni que me veas-
desubicado hasta el mate
en los bordes del mantel
jugando a ser migas que cayeron de tu boca,
morenita mía,
de tu boca que son los labios menos amargos
de todos los labios dulces que he probado.

Poesía otoñal | 5

Me reciclo con la fuerza de las erres
de misericordias-nuevas-cada-día,

Me transcribo en blog, incompleto,
en esta pantalla bulímica, que me empalaga.

Me reciclo desde el cuero,
y ahí están los pañuelitos de papeles hibernados
(escurridos, disecados).

A pesar de los profetas
que se enferman de adivinos, me reciclo.

Poesía otoñal | 4

En estas mañanitas
-que son las menos-
de soles y pesuñas de caballos flacos
de trapos y perritos viejos
el Abasto muere y renace
crónico,
como siempre,
por eso no se enferma de Barrio Norte.

Poesía otoñal | 3

Niña, corrígeme de los miedos
y las sombras.
O mejor
que me corrija Dios
que de truenos y de asombros él conoce mejor.
 
No me corrijas
en cambio
ni de izquierdas, ni de risas;
que me corrija Dios,
que de caminos y de cruces él conoce mejor.

Déjame decirte un grito sordo
que se anule solo, solito, solo,
en la maraña de este todo camuflado
que juega a decirme poder ser nada
que se entreteje dorado.

Poesía otoñal | 2

La poesía de los pinos y las flores,
los números del frío no son poesía.

La lluvia en el tarrito,
los milímetros -que dicen cuánto y no dicen cómo-
serán poesía otro día.

Poesía otoñal | 1

Seguirte, oh Jesús!
seguirte mejor y de cerca.

Seguirte los pasos
mejor y de cerca.