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Poesía primaveral | 5

Ya le dije al Señor que quiero andar lleno
pero a estas banderas no las mueve el viento
ni el olvido
ni la primavera.

Usté, que sé que quiere estar a tiempo,
mírese la planta del pie
observé sus párpados en el espejo
huélase las manos ahora mismo
y vuelva a pensar si en verdad
quiere estar a tiempo.

Yo (también) mientras tanto
escribo poemas en esta servilleta. 

Noviembre 2010

Poesía primaveral | 4

Estas abandonado
mirate
todo desprolijo
sucio
roto
equivocado
comprame para salir de ese lugar inútil
nos dice todos los días
la tele.

Noviembre 2010

Poesía primaveral | 3

Voy a dejar que te oscurezcas
viernes templado de noviembre
(prácticamente de verano).

Voy a dejar que te oscurezcas
impaciente
como lo haces a esta hora todos los viernes
el resto de los otros viernes.

Pero no voy a concederte
ni patrañas ni accidentes,
no permitiré tus gritos incongruentes

porque entre las teologías
y los hijos de pastores bien-pudientes
(como siempre)
me has cansado de tenerme por los brazos
tirando en uno para cada lado.

Noviembre 2010

Poesía primaveral | 2

Oír tus pasos prolijos en la escalera
es saber que vienes con algo de comida
que es mediodía
y que tal vez traigas un agua saborizada
y un pancito mordido.

Oír tus pasos secos en la escalera
es saberte agobiada de tanto trabajo
y tan poca algarabía

y no digas nada, ya sé,
tendría que ser más espiritual
y dejar de tratar de oír tus pasos en la escalera.

Octubre 2010

Poesía primaveral | 1

Es un alivio el tren de las doce
subirse y dejarse llevar
encontrar un lugar, relajarse.

Son un alivio los mapeos de Cortázar
y leer a Benedetti en su Noción de patria
que también es noción de país.

Es un alivio sentarse y dejarse correr por las vías
y más aún si afuera la lluvia no frena
y está fresquito y mojado
y sentir en la nariz como una humedad
y los ojos como recién levantado
-no sé porqué-

y llegar y firmar en punto
poner los ceros bien redondos y claritos
y bajar a la vida de siempre
entre las trece y las veinte
aquí en por acá.

Poesía pre-primaveral | El ajedrecista

el ajedrecista se toma un descanso:
copita de café
cigarrillo marrón

se rasca la barba
piensa partidas
se olvida de si

mira las luces que anaranjan la calle
sobre su casa de exilio

desenfoca
transcurre

no accede a eso de que siempre se hace tarde en la ciudad
entra de nuevo
y por la ventana lo veo jugar otra vez

no es tan malo su tiempo en el Abasto
en Sánchez de Bustamante al quinientos.